domingo, 24 de noviembre de 2013

Retratos de Musicos, Si Estuvieran Hoy Vivos?


Kurt Kobain
guitarrista / compositor de la banda de grunge Nirvana que murió en 1994 a los 27 años.

La empresa de relaciones públicas Sachs Media compartió una galería de famosos rockeros que murieron jóvenes, en la que es posible tener una idea de cómo serían hoy en dia John Lennon y la propia Joplin ya con 70 años.

Bob Marley
El artista más influyente de la música Reggae, que murió en 1981 a los 36 años.

Janis Joplin
La extraordinaria cantante de blues rock que murió en 1970 a los 27 años.

Janis Joplin, Jimi Hendrix y Kurt Cobain murieron a los 27 años, pero gracias a la tecnología es posible tener una aproximación de cómo sería su imagen actual. Todas las imágenes están en alta resolución, para verlas, pulsar botón derecho ratón abrir enlace ventana nueva, se abrirá una nueva ventana con la imagen en su tamaño original.

Jimi Hendrix
Ampliamente aclamado como el mejor guitarrista de rock, murió en 1970 a los 27 años.

John Lennon
Fundador de Los Beatles, compositor y pionero de la paz, que murió en 1980 a los 40 años.

En la galería, en la que dos expertos comparten su idea de lo que sería el trabajo de los músicos en la actualidad, también es posible ver a Jimi Hendrix, Bob Marley, Elvis Presley, Karen Carpenter, Jim Morrison, "Mama" Cass Elliot, Dennis Wilson, Keith Moon y Bobby Darin.

Jim Morrison
Cantante "Rey Lagarto" y compositor de The Doors que murió en 1971 a los 27 años.

Elvis Presley
El Rey del Rock and Roll, que murió en 1977 a los 42 años.

Helmut Newton, Erotismo y Sexualidad


Helmut Newton es uno de los mejores retratistas y fotógrafos de moda de la historia. Fue un adelantado en algunos temas tratados en su obra. Éste fotógrafo Alemán nacido en 1920, ofrece una visión de la mujer y su cuerpo sin miedo a ser criticado por sus imágenes explícitas, a veces cargadas de erotismo y sexualidad.


Para Newton, la mujer es fuerte, atrevida e interesante. Si no encuentra ese perfil, simplemente no la fotografía, pero eso en el papel, en el estudio era otra cosa, tan solo un adorno, un jarrón. Sin duda, el gran pilar de su trabajo consiste en el realismo que hay en esas fotos; cuerpos perfectos, bellezas casi imposibles y ni un ápice de manipulación en la toma. Sus fotos estaban preparadas a conciencia y prefería un despliegue asombroso del estudio del entorno que uno de luces y efectos. Newton se complicaba con la historia que contaba, no con la cámara, los flashes o los objetivos. De hecho usaba una cámara de 35mm y otra de formato 6X6, la segunda, un clásico en la fotografía de retrato, una Rolleiflex. Este concepto demuestra que con el equipo adecuado para las necesidades reales de cada fotógrafo, no hace falta más para contar grandes historias.




En sus historias, el papel de la mujer es principalmente dominante. Elementos como collares de perlas, lencería, tacones, latex, etc... estaban muy marcados. Eran mujeres masculinizadas que no habían perdido su poder de atracción, al contrario, las hacía aún más deseables.




Imitar su estilo no es fácil e intentar recrear una escena como lo haría Helmut Newton, puede dar como resultado una escenificación "choni". Algo que debería ser tan sencillo como hacer una foto a un zapato o un busto femenino, esconde misterios que sólo una mente abierta y liberal puede mostrar al público. Pero ese tipo de mente implica otros conceptos, como el estudio de las culturas de otros países y sus costumbres, el estudio de la anatomía humana y el conseguir romper un tema tabú con elegancia. Este último punto es tal vez de los más importantes. Si revisamos las fotos de los grandes fotógrafos clásicos, descubrimos un pequeño detalle que se va perdiendo con el tiempo, eran elegantes, sabían vestir con criterio, lo que les otorgaba una gran presencia en la escena.




La fotografía de desnudo es complicada, muy complicada. Primero se debe escoger un tema y no mostrar una parte del cuerpo porque sí. Después encontrar un posible tabú y estudiar como romperlo. Esta es la verdadera fotografía, la que se prepara antes de disparar la cámara y no al revés como ocurre hoy en día, en la que las grandes revistas del mundo de la moda, destrozan sin ningún remordimiento.


Existe además la creencia de que una chica mona, con un collar de perlas y una pose casi pornográfica, puede hacer fotografía de desnudo y el resultado es una imagen vacía y carente de sentido rodeada de un aura hortera y de mal gusto. La fotografía tiene algo de técnica y mucha disciplina y estudio de las culturas y sociedades. Se puede ser el mejor iluminador o conseguir la máxima nitidez, pero ser el Ed Wood de las historias.




En sus imágenes nada es fruto del azar, todo está concienzudamente estudiado, meditado y ensayado. Los escenarios a las expresiones de sus esculturales modelos son el resultado de un laborioso proceso que bulle, pacientemente, hasta culminar en el clímax: en la foto perfecta perseguida. Su fuerte y personal estilo está marcado por la luminosidad escénica, la perfección compositiva y su particular visión de la figura femenina: una mujer alpha, dominante, dueña de su sensualidad, segura, fuerte, elegante y enigmática.






sábado, 23 de noviembre de 2013

JFK, Las Escenas del Crimen



  (REUTERS/Cecil W. Stoughton/The White House/John F. Kennedy Presidential Library and Museum (1) and Adrees Latif (2))


En la primera imagen se ve a Bill y Gayle Newman, testigos del asesinato de Kennedy, protegiendo a sus hijos mientras un fotógrafo de la CBS (Tom Craven) y otro de la Casa Blanca (Tom Atkins) toman fotos en la Plaza Dealey justo después de que se efectuaran los disparos contra el coche presidencial. En la otra imagen, los visitantes hacen ya las fotografías con una moderna tableta del histórico lugar.


(REUTERS/Dallas Police Department/Dallas Municipal Archives/University of North Texas/Handout (1) and Adrees Latif (2))


La primera foto pertenece al departamento de policía de Dallas y muestra a Lee Harvey Oswald "con un rifle en una mano y un periódico comunista en la otra" en el patio trasero de la casa que habitaba en Neely Street, en una fecha sin determinar. La segunda foto muestra ese mismo lugar hace pocos días.


REUTERS/Cecil W. Stoughton/The White House/John F. Kennedy Presidential Library and Museum (1) and Adrees Latif (2))


El presidente John F. Kennedy y su esposa, Jaqueline Kennedy Onassis saludando a los ciudadanos en el aeropuerto de Dallas (The Love Field) el 22 de noviembre de 1963, en una foto oficial de la Casa Blanca. En la otra foto, una imagen actual del mismo lugar en la que se aprecia una moderna torre de control aéreo.


(REUTERS/Cecil W. Stoughton/The White House/John F. Kennedy Presidential Library and Museum (1) and Adrees Latif (2))


En la primera foto, la caravana del presidente Kennedy recorriendo el centro del barrio de Fort Worth poco antes de ser atacada, con el Palacio de Justicia al fondo. En la segunda foto, una imagen actual tomada desde la misma perspectiva.


(REUTERS/Dallas Police Department/Dallas Municipal Archives/University of North Texas/Handout (1) and Adrees Latif (2))


La casa en la que residía Lee Harvey Oswald en el 214 de West Neely Street, en el barrio de Oak Cliff (Dallas), hace 50 años y hoy en día.


(REUTERS/Dallas Police Department/Dallas Municipal Archives/University of North Texas/Handout (1) and Adrees Latif (2) )


En la primera foto, coches pasando delante del depósito de libros escolares de Texas en Dallas, el 22 de noviembre de 1963. En la segunda, el mismo lugar, convertido ahora en el Museo del Sexto Piso, dedicado a mantener la memoria del asesinato del presidente Kennedy, en noviembre de este año.


(REUTERS/Dallas Police Department/Dallas Municipal Archives/University of North Texas/Handout (1) and Adrees Latif (2))


En la primera imagen se pueden ver las coronas de flores que se habían depositado en Elm Street mientras tiene lugar, en algún momento de 1963 posterior al asesinato, una reconstrucción de los hechos organizada por los servicios secretos para ayudar en la investigación. En la segunda, imagen actual del mismo lugar.


(REUTERS/Dallas Police Department/Dallas Municipal Archives, City of Dallas/University of North Texas/Handout and Adrees Latif )


En blanco y negro, un vehículo del departamento de policía de Dallas aparcado en el bloque 400 de la Calle 10 en el barrio de Oak Cliff en una fecha sin determinar de noviembre de 1963. De acuerdo con las investigaciones del gobierno federal, el oficial de policía J. D. Tippit fue disparado y asesinado por Lee Harvey Oswald justo en este punto de la ciudad. Tippit paró a Oswald para interrogarle por los disparos que se habían producido poco antes hacia el presidente Kennedy. En color, una foto actual muestra el mismo lugar el 8 de noviembre de este año.


(REUTERS/Cecil W. Stoughton/The White House/John F. Kennedy Presidential Library and Museum (1) and Adrees Latif (2))


En la foto primera, agentes del servicio secreto y de la policía local examinan la limusina del presidente Kennedy, aparcada en el hospital Parkland Memorial de Dallas, mientras el presidente es tratado en el interior. En la segunda, la misma imagen del parking de ambulancias en ese hospital hoy en día.


(REUTERS/Cecil W. Stoughton/The White House/John F. Kennedy Presidential Library and Museum (1) and Adrees Latif (2) )


Vista de la estatua del General Lafayette y de la biblioteca federal de Washington durante el funeral de J.F.K. El féretro salió de la Casa Blanca y acompañado por un séquito recorrió la Avenida de Pensilvania, con las banderas a media asta. En una imagen actual del mismo punto se ve a unos activistas políticos pasando por esa avenida con las máscaras de Guy Fawkes.

La Alhambra, Cumbre del Arte Andalusí


La Alhambra es una ciudad palatina andalusí situada en Granada, España. Es un rico complejo palaciego y fortaleza que alojaba al monarca y a la corte del Reino nazarí de Granada. Su verdadero atractivo, como en otras obras musulmanas de la época, no sólo radica en los interiores, cuya decoración está entre las cumbres del arte andalusí, sino también en su localización y adaptación, generando un paisaje nuevo pero totalmente integrado con la naturaleza preexistente. En 2011 se convirtió en el monumento más visitado de España, recibiendo la cifra histórica de 2.310.764 visitantes.


Contemplándola desde el Mirador de San Nicolás, Bill Clinton dijo haber asistido a «la puesta de sol más bella del mundo». Su recinto amurallado ocupa 104.697 metros cuadrados, a los que se suman otros tantos del Generalife. Las primeras referencias a al-Qal’a alHamra («La Fortaleza Roja») son del siglo IX, pero es a partir de 1238 cuando los sultanes nazaríes comienzan a construir allí sus edificaciones, en principio defensivas. Los principales palacios y estancias fueron construidos en diversos momentos entre comienzos del siglo XIV y la segunda mitad de esa centuria. Sus muros están recorridos por miles de versos inscritos en ellos: solo en el Palacio de Comares hay documentadas más de 3.000 inscripciones en árabe. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1870.




Quienes la conocen bien suelen decir que no hay una, sino muchas alhambras y que son muchas también las formas de acercarse al monumento árabe más celebre del mundo. Vista desde el exterior, la Alhambra parece un castillo, pero es el suyo un aspecto extrañamente fortificado, pues el tupido bosque del que surgen sus torres es el peor paisaje que se puede concebir para una defensa militar. Dentro de esos muros lo que aparece es una auténtica ciudad palatina, cuya única zona militar es la Alcazaba, sin duda la parte más antigua del conjunto, con grandes torres que ofrecen vistas espectaculares sobre Granada y su vega. Desde la Alcazaba parte una vía, la Calle Real, que bordea los palacios y llega hasta la zona urbana propiamente dicha, donde aún se distinguen los restos de las viviendas y talleres de los servidores de los soberanos nazaríes. Todo un microcosmos recogido sobre sí mismo y que domina desde lo alto la ciudad de Granada que, al decir del poeta árabe, «es la esposa que se muestra al monte, su marido».


Si se prefiere dejar a un lado las estancias de militares, sultanes o artesanos, la naturaleza ofrece esa otra «vida misteriosa de la Alhambra» de la que hablaba Titus Burckhardt para referirse al agua que, procedente del río Darro, se adentra en la ciudad a través de la Acequia Real y su compleja red de ramales, galerías y albercas. Las canalizaciones suelen tener siempre una pendiente muy leve, una planificación consciente que buscaba remansar las aguas para su mejor aprovechamiento. La exuberante vegetación que hoy se contempla asociada a esas estructuras hidráulicas nada tiene que ver con la original −que es en buena medida desconocida– pero su belleza y armonía son el mejor testimonio de la delicadeza y el buen hacer que han guiado las intervenciones de los conservadores de la Alhambra durante el último siglo.


Con todo, son los palacios los que verdaderamente atraen la atención del visitante. Y, de nuevo, en ellos nada es lo que parece. La suntuosidad que atrapa a la vista en paredes, techos o bóvedas esconde el uso generalizado de materiales tan humildes como ladrillo, tapial, yeso, madera o azulejos, que hacen de la Alhambra un ejemplo de eso que hoy llamaríamos «sostenibilidad» y que tiene en el empleo de recursos locales su rasgo más destacado. El mármol − procedente de Macael (Almería)− aparece en algunos pavimentos y columnas, como las del Patio de los Leones, pero siempre dentro de unas dimensiones humanas y accesibles. El contraste con el, por otra parte, espléndido palacio de Carlos V, diseñado por Pedro Machuca (m. en 1550) y literalmente empotrado dentro del recinto de la antigua ciudad islámica resulta asombroso: los fuertes sillares de piedra, las altas columnas dóricas o la imponente fachada italianizante reflejan un gusto estético poderoso e intimidante, que nada tiene que ver con la armonía y los sutiles equilibrios presentes en la concepción de los palacios nazaríes. No hay muchos lugares en el mundo en los que las civilizaciones puedan ver sus expresiones artísticas comparadas con tal agudeza en un radio de apenas unos centenares de metros. En la Alhambra o, lo que es lo mismo, en la compleja Historia de España, tal cosa si que es posible.


Alarifes y artesanos musulmanes supieron extraer una belleza sin par a partir de estos medios tan modestos. Y lo consiguieron con conocimiento, habilidad técnica y un cuidado exquisito en todos los detalles. En los alicatados y solerías de la Alhambra se pueden distinguir, por ejemplo, los 17 tipos de patrones de simetría que los matemáticos contemporáneos han sido capaces de formular para el mundo bidimensional: de forma incluso más espectacular, las propias albercas en lugares como el Patio de Comares reflejan también movimientos simétricos al actuar sus aguas como perfectos espejos de la realidad. Contemplar la techumbre de madera del Salón de Comares permite distinguir tres planos cuidadosamente dispuestos para que la luz se refleje en ellos de tal manera que siempre queda resaltado el nimbo central que representa el octavo cielo en el que se asienta el trono de Dios. El Patio de los Leones, en fin, –cuya célebre fuente ha sido objeto de una espléndida restauración reciente− está marcado por un pórtico corrido con arquerías en las que se despliegan algunos de los mocárabes más bellos que alberga el conjunto; la imponente taza de alabastro que sirve de fuente central lleva inscritos unos hermosos versos del poeta Ibn Zamrak (m. en 1394): «En apariencia agua y mármol parecen confundirse/sin que sepamos cuál de ambos se desliza». Los itinerarios son, en efecto, innumerables y las sorpresas surgen tanto en el conjunto como en la infinidad de detalles que se ofrecen a los sentidos.


Los cientos de miles de personas que visitan cada año la Alhambra incluyen un número creciente de turistas musulmanes procedentes del sudeste asiático, próximo oriente o incluso norte de África. Es previsible y deseable que en el futuro ese número aumente. Saber ofrecer a esas gentes una visión de la Alhambra –y de otros hitos patrimoniales islámicos de nuestro país– alejada de tópicos y de guiños nostálgicos, pero al tiempo tolerante, respetuosa, rigurosa e inclusiva es un reto que tenemos ante nosotros. Poder cumplirlo adecuadamente servirá de indicador para saber si nuestro país ha sabido finalmente adoptar ese ineludible y delicado papel, que tantas veces se le ha reclamado, de servir de engarce cultural y humano con una civilización que pronto representará a casi una cuarta parte de la población mundial.